¿Cómo explicamos esto?

Me desperté con la noticia que Israel había atacado una flotilla de naves con ayuda humanitaria al pueblo palestino; pueblo que desde hace mucho tiempo y a vista de todos ha sufrido un constante bloqueo por parte del estado hebreo.

Vi las imágenes y me parecieron indignantes. Es en momentos como este en que, como cristiano, quisiera que algún hermano en la fe me explicara cómo encaja esto en el plan de Dios desde el punto de vista del evangelio de Cristo.

No me cabe ninguna duda que por más cristianos que seamos (perdón por la ironía) nos dará un poco de escozor el trato violento que vimos por parte de los soldados israelíes hacia los pasajeros y tripulación de la “Flotilla de la Libertad”; pasajeros que no iban más que transportando suministros de ayuda humanitaria y entre los cuales se encontraban personas de diferentes nacionalidades, incluidos un premio Nobel y una sobreviviente al Holocausto (!). Otra posibilidad que tenemos, y que muchos prefieren, es acordarnos de los muchos pasajes bíblicos donde Dios luchó por Israel en contra de los enemigos de Su pueblo, cosa que como sabemos ocurrió antes de Cristo. Sea cual sea la postura que tomemos lo que me preocupa es que al parecer Nuestro Señor Jesucristo nunca hubiese venido a nosotros con un mensaje de paz; parece que Él nunca nos hubiese enseñado que Su reino está hoy formado por aquellos que adoran al Padre en espíritu y en verdad.

Lo peor de todo es que siempre habrá algunos hermanos en la fe que justifiquen cualquier actividad del estado hebreo por el simple hecho que son israelitas ya que, después de todo, a través de ellos Dios nos legó las Escrituras y al Salvador. Mientras tanto no puedo dejar de preguntarme, ¿es eso motivo de fianza a cualquier acción de matonaje que Israel ejerza?.

Como cristiano no comparto ni el principio ni el final de esta acción y necesito desesperadamente que algún dispensacionalista me lo explique. Tiempo ha que nos deben una explicación a todos. ¿No lo pueden hacer?, entonces no lo defiendan. Le hacen un flaco favor al evangelio de la paz de Cristo.

Por último, por más canuto que alguien sea debería sentir que lo hecho por estos soldados israelíes es injusto ya que estamos llamados a reflejar aunque sea de una manera tenue el perfecto sentido de justicia de Dios. Si no lo crees así hazte ver.

Consejos de un joven pastor bautista II

Hace tiempo postié acá los primeros consejos, pero hoy quiero volver a la carga con algunos más.

Recuerda que te escuchan personas

Esto es muy importante.

Me da la impresión que muchos pastores olvidan que en frente tienen al pueblo de Dios, y que este pueblo está compuesto por personas. Las personas son diferentes unas de otras y tienen problemas, dificultades o aun algunas han caído en pecado en medio de la semana. Tratar de desconocer esto no solo es querer tapar el sol con un dedo sino que demuestra un completo desconocimiento de la naturaleza del ministerio pastoral y de la naturaleza humana.

Todas esas personas con su diversidad de problemas buscan una palabra de ánimo, de esperanza, que les ayude a superar una nueva semana, y me he percatado que los mensajes mejor recibidos son aquellos en los que hay una palabra de motivación a los que están sufriendo. Así que no olvides que tu ministerio pastoral trata de personas. Y personas por las cuales Jesús murió en la cruz.

Dale tiempo a tus hijos

Muchos creen que es la escuela dominical o la iglesia la encargada de educar a sus hijos en materias morales, éticas y aun cristianas; pero olvidan que son ellos los encargados de esas cosas. Nunca he leído que el plan de Dios haya sido que la educación de los hijos la imparta la iglesia sino todo lo contrario. A Él le ha placido que sean los propios padres los encargados de esta labor de manera constante.

Pero no se trata sólo de educarles. Ellos también necesitan de tu tiempo y tu afecto. Los seres humanos son seres sociales y tus hijos están aun en proceso de desarrollo (al menos los míos sí), por tanto no les prives de afecto, que para ellos es un asunto de primera necesidad. Más que para ti.

No olvides que Dios no necesita dinero, los hombres son lo que tienen necesidad

Es lamentable que algunos cristianos se preocupan más de los gastos del (mal llamado) templo que de las necesidades de los miembros de su iglesia y que son parte del verdadero Templo de Dios (!). No hablo solamente de pastores, incluyo también acá a todos los cristianos de las iglesias.

La falta de solidaridad se ha cambiado por estar al día con las obligaciones contraídas con el uso y cuidado del (mal llamado) templo. Lamentable.

No me cabe duda que cuando nuestro Señor dijo refiriéndose a la iglesia que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” no estaba pensando en este vicio que muchas veces toleramos. Por tanto una vez más el consejo es simple: recuerda que la iglesia la componen personas, y a veces tienen necesidades.

Luego posteo más.

Test desde Vim

Este es el primer post que envió usando mi editor favorito: Vim.

Aburrido de ScribeFire, y luego de haber sentido un fastidio enorme con todo, decidí divertirme un rato instalando Vim portable con Python 2.6, también portable, y el plugin Blogit.vim. Debo decir que es todo lo que necesito para escribir posts.

Adjunto este screenshot de muestra.

Usando “El” editor ;)

Camila

Hoy salí de la oficina acompañando a una cliente. Debía ir con ella a su casa en busca de un documento importante. Como me encontraba desarrollando el sistema de inventario para IBGF salí a a regañadientes de la oficina. Sí, lo reconozco.

Teníamos que tomar micro. Debo confesar que no había hecho esto desde hace como un año y, tal vez producto de ello, estuve atento mayormente a todo lo que me rodeaba, tanto más sabiendo que nuestro destino era una comuna que nunca frecuento. Estando en el paradero vimos a una niña con su madre. Sin saber por qué conversamos con ella y nos contó como su hija tenía ya nueve años de vida y recién estaba aprendiendo a hablar ya que producto de constantes ataques epilépticos tenía un gran retraso en el desarrollo del lenguaje. Esto ya me partió el corazón, pero además me sorprendió escuchar a mi cliente decirle: ‘Usted sólo debe confiar en el Señor, debe orarle a Él’ (!), en eso estábamos cuando su madre me dice: – mire, ahora le esta dando un ataque -. En ese momento esta pobre niña se había abrazado al cuello de su madre y con las piernas hacía lo propio al torso. Su mamá tiernamente la abrazaba y me decía: – fíjese – soltándola. La niña con una gran rigidez no se soltaba, parecía petrificada. Luego la crisis pasó, la niña se soltó, su madre la puso de pié pero la pequeña mantenía una mirada perdida. La madre de Camila, que así se llama esta niña, no me permitió que le diera cien pesos para que se comprara un dulce porque, como pude ver, la chiquita tenía todos los dientes desechos por las caries. Me agradeció amablemente, pero me dijo que no podía darselos. Esa fue la segunda puñalada en mi corazón. ¿Qué más podía hacer?, le dije que oraría por ella. Es lo mejor que puedo hacer.

En ese preciso momento una anciana se nos acerco a todos y nos regaló unos tratados. El texto es (aun lo tengo conmigo) el siguiente:

“El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila. Jehová el que hace justicia y derecho á todos los que padecen violencia”

Salmos 103:3-6

¡No podía ser más apropiado para la ocasión!

Nos saludamos con aquella hermana, nos dimos la mano. Nos dijo que venía al centro a comprar los tratados, que cien unidades le costaban quinientos pesos (chilenos), y que ahora había comprado doscientas unidades. – Me quedé sin plata, pero el Señor al final me da dinero igual -, dijo ella. Nunca en tan pocos minutos vi tanta cordialidad, fe y esperanza reunidas en un paradero de micro

¿Qué me quieres mostrar Señor?, ¿acaso no me enseñas con esto que mis problemas son nada en comparación a los de esta gente pobre?.

No puedo dejar de pensar en que muchas veces nos parece estar tan llenos de problemas que olvidamos mirar nuestro entorno para ver el sufrimiento día a día de los demás. Nuestro insaciable orgullo no nos permite fijar nuestros los ojos más alla de nuestro ‘merecido’ metro cuadrado.

Hoy tengo tres cosas más por las que orar. Por Camila, por su salud y su futuro, por que conozca al Señor y así algún día cuando nos levantemos o seamos transformados pueda vivir eternamente disfrutando de la salud que hoy no le es posible; también debo orar dando gracias a Dios porque Su Palabra sigue predicándose, siguen habiendo hermanos que le hablan de Cristo a otros, y siguien otros tantos repartiendo esperanzas al entregar un tratado evangelístico; pero además debo orar ya que estoy agradecido porque cada día me convenzo más que las malas cosas que me pasan son nada en comparación a otro tipo de sufrimiento.

Terremoto. Así lo vivimos

Fuimos sacudidos por un terremoto que comenzó a las 3:34 de la mañana del 27 de febrero de 2010. Matías, nuestro hijo mayor dormía en casa de mis suegros, a pocas cuadras de aquí. Amparo, mi hija de un año y tres meses fue arrebatada de su cuna por mis brazos. La entregué a mi esposa para que la cuidara. Juntos nos instalamos bajo el marco de la puerta del departamento que arrendamos en el piso tres. Fue interminable.

Ruido, oscuridad, caos. Familias enteras en pijamas o ropa interior bajaban desde los pisos superiores y pasaban frente nuestro. No hay pudor, ya no somos desconocidos. Todos sufrimos la misma tragedia.

Aislados. Los celulares no funcionan, las redes telefónicas están caidas, no hay electricidad domiciliaria ni luz en el tendido público. El edificio casi vacío, todos abajo con frío preguntándose si es seguro subir a buscar un chaleco, cosas de valor u objetos queridos. Hay que actuar rápido, pero el temor los domina. En medio del pavor Mónica fue una leona. Se dio tiempo de iluminar con su linterna para ayudar a algún vecino.

Sin saber de padres y hermanos partimos a ver nuestro hijo a casa de mis suegros. Él estaba bien. Todos bien.

La red telefónica en casa de mis suegros funciona a ratos, lo suficiente para enterarme que mi hermana, mis padres y mi hermano están bien. Sigo intentando la comunicación vía celular pero es imposible. No puedo comunicarme con muchos que conozco. Envío mensajes de texto a varios de ellos, pero nadie responde.

Debemos volver al departamento, Mónica estaba aun en pijama y necesitamos algunas cosas útiles. Linternas, botella de agua, radio a baterias, documentos de identificación, tarjetas de débito y crédito, un juego de llaveros de todos los lugares a los que tengo acceso, notebooks, cargador de celular, leche en polvo, etc. Hay mucho que hacer todavía. La luna casi llena refleja una luz blanco­azulina, como un fluorescente en medio de las tinieblas. Agradezco.

4:30 y nuevamente debemos salir con Mónica. Necesitamos ver a algunos hermanos de nuestra iglesia. Seguimos sin poder comunicarnos con nadie. Subimos por Avenida Quilín, es desolador. Las murallas de la Viña Cousiño Macul están caidas a intervalos regulares, como si el desastre se organizara. Ladrillos en la calle hacen difícil conducir, ramas de árboles y muchas hojas nos rodean, y el polvo en suspensión… siempre el polvo en suspensión… como recordándonos lo que somos.

Llegamos a casa de CB, él y su familia están bien. Todos vestidos, espectantes… esperando una réplica. La pequeña LB aterrada, Mónica habla con ella y la consuela. El olor a humo es fuerte en el ambiente, no sabemos de donde viene. ¿Un incendio?, ¿dónde?. Y la luna ahora es amarilla…

Dejados CB y su familia en paz, debemos ir a casa de JN. Casi no andan vehículos, y los pocos conductores que debieron salir se comportan respetuosamente. No corren, ya que hay una tensa calma en el ambiente. No hay semáforos. Nos respetamos.

Llamamos a JN. No responde ni hay luz en su casa. El timbre no sirve, el celular no comunica. Gritamos su nombre y no hay respuesta; gritamos nuevamente y no hay respuesta. Finalmente una luz se mueve dentro, gira la llave y abre la puerta, ¡es LN!. Para nuestro asombro se encuentra tranquila, nos dice que todos en casa duermen. Miramos al rededor y la villa parece un lugar extraño. No se aprecian paredes caidas, ni vidrios quebrados, aun hay luz en el tendido eléctrico y ni nos habiamos dado cuenta. ¿En qué estaba pensando?, acá no parece haber un mayor caos. Luego de intercambiar algunas palabras nos retiramos. Aun hay cosas que hacer y ya no sabemos que hora es.

Debemos ir al templo. Podemos imaginar que para AR y M, siendo cubanos, debe ser chocante la experiencia vivida. Estamos golpeando el portón y AR responde inmediatamente. Obviamente estaban despiertos. Necesitabamos estar allá con Mónica para dar ánimo y ellos necesitaban la visita de alguien, ¡es tan claro!.

Seguimos compartiendo ánimo, palabras, experiencia; la desesperación pasa, y aun nos reimos. Lo peor para ellos ya ha pasado, y nosotros estamos contentos de estar allí. Casi ya no hay luz de luna. Mi linterna se apaga pero junto a AR debemos ver una cañería rota. No tiene arreglo, no al menos a esta hora. ¿Qué hora es?.

Estamos exhaustos y debemos dormir un poco. Recién recuerdo mirar mi reloj, y son las 5:40. Volvemos con reparos al departamento. Nos acostamos vestidos, pero no podemos dormir. Las imágenes se repiten una y otra vez en nuestras cabezas, aun recordamos a personas de las que no hemos podido saber nada, pero no hay nada más que podamos hacer a esta hora, sin electricidad, ni celulares, ni redes inalámbricas. Una luz azulina comienza e ingresar por la ventana. Amanece.

Suena mi celular dos veces (¿cuánto tiempo pasó entre cada una?), trato de contestar pero la red no sirve (!!!). Es mi madre, y mi amigo Himker. Al menos presumo que están bien. No se a qué hora finalmente nos dormimos, pero despertamos a las 10:00.

Ya son las 18:48 y se saben más cosas. La devastación es grande: caminos destrozados, puentes caidos, todo tipo de comunicación a medias, actividades grupales suspendidas, muertos y relatos de muertes; una madre con su hijo de un mes aplastados por una pared, olas gigantes que arrasaron con lugares costeros, etc. Nunca un “etc.” significó tanto.

Por momentos, pienso, que este terremoto saca de nosotros lo poco de bondad que nos queda. No somos enemigos, no hay ricos o pobres, no hay de izquierda y derecha, todos somos uno en medio de la catástrofe. ¿Es eso lo que nos quieres mostrar, Señor?, y si es así ¿por qué?, o más bien ¿para qué?. Seguiremos adorándote, seguiremos cantando a tu gloria. No queremos juzgarte, ¡no podemos hacerlo!. Sólo te pedimos que nos abras los ojos para conocer Tu propósito en esto, ¡ayúdanos Señor!.

En medio de la catástrofe sólo puedo alabar. El terror no llegó a mi familia ni seres queridos; pudimos llevar esperanza y ayuda a algunos necesitados; aun cuando el terremoto ha sido uno de los más intensos de la historia el desastre en mi país no fue proporcional a la energía liberada. Debo agradecer que Tu gracia común, Señor, permanece alrededor del mundo. Tu sol sigue saliendo para justos e injustos, Tu lluvia sigue mojando a justos y pecadores. Sigues siendo mi Dios lleno de gracia; pero ahora eres más grande, más poderoso.

Un dia ha pasado, y a hora temprano a las 8:30 ha habido una nueva réplica que nos despertó a todos. Prendemos la radio y en Parral fue de 7 grados Richter… Pasan los minutos y debo tomar mi café, bañarme para ir al culto del domingo. El mundo sigue girando.

En la radio transmiten en vivo como una multitud saquea las bodegas de un supermercado en Concepción. Mujeres lloran por agua y pañales para sus hijos; un padre también llora, dice que no es bandalismo sino necesidad. Me quedo en silencio y me doy cuenta de la oscura realidad que todos compartimos en nuestros momentos de necesidad. Cada vez es más claro lo que Tú, oh Señor, nos muestras. Tenemos dos alternativas somos o no solidarios, nos entregamos por el prójimo o no, sufrimos con él o no. Todos nosotros podemos ser saqueadores, podemos correr a las bodegas de los supermercados; sólo la misericordia y la solidaridad entre nosotros lo impedirán. ¡Ayudanos, Señor!.

La ley no permite las reuniones masivas, sin embargo los hermanos llegan al (mal llamado) templo. Llegan temprano, todos se quieren ver las caras. Hay abrazos, gratitud, largos testimonios de muchos. No hay electricidad, no hay PowerPoint. Felipe y yo decidimos usar sólo una guitarra y los viejos himnarios anillados.

Comenzamos orando, orando y orando. Cantamos “Si el sol llegara a oscurecer y no brille más, yo igual confío en el Señor que me va a ayudar”; Felipe pide a los hermanos elegir algunos cantos. Todos estan de acuerdo, todos comparten. Vienen los testimonios. No recuerdo testimonios tan extensos. Es claro para todos que no hay hermanos entre nosotros que hayan sufrido accidentes personales ni de familiares. Es grande la gratitud entre nosotros. Hemos aprendido que, aun cuando ha sido imposible comunicarse con todos los hermanos, igual hemos sabido que algún otro se comunicó con ellos. Somos iglesia entonces, nos une Cristo. No tenemos nada genéticamente en común, no somos familia, pero somos hermanos y estamos haciendo iglesia. Nosotros somos el Templo del Señor.

Volvemos a nuestras casa y aun el caos es grande. Muchos siguen sin servicios básicos. El dolor de algunos sigue. Rogamos a Dios que nos permita ser útiles. Oren con nosotros por esto.

Lucrando del sufrimiento

Hoy venía en el metro y la providencia de Dios quiso que viajara junto a una madre que cuidaba a una niña sentada en su coche. Nada raro hasta entonces, excepto que la niña tenía entre dos y tres años y notoriamente sufría algún tipo de trastorno. Esto fue evidente cuando vi a su mamá sacar de la mochila una pequeña pastilla que puso con mucha delicadeza en la boca de su hija.

En medio de tantas dificultades y pruebas en las que me he envuelto en estos últimos dos meses debo reconocer que contemplar esto me hizo agradecer la salud de mis hijos. Pero aparte de esta gratitud sentí lástima por la niña. Oré por ella. Sin embargo, rápidamente pasé de la pena a la rabia. Rabia contra unos personajes que desde hace años han invadido el cristianismo. Me refiero a aquellos predicadores millonarios que hacen megacampañas en estadios atiborrados de gente. “Ungidos” que prometen sanidad.

Procurad, pues, los mejores dones

Si hay un don que desde niño quise tener ese es el don de sanidad. Habiendo tanta enfermedad, dolor, drama y desesperanza ¿no sería de gran bendición usar este don y mostrar así el poder de Dios?, ¿cómo no ha de ser gratificante dar gloria y honor a Dios predicando Su Palabra y dando sanidad a multitudes que no Le conocen?. De sólo pensar en todos esos desamparados siendo sanados gratuitamente, convertidos al cristianismo y dando testimonio vivo del poder de Dios no puedo dejar de pensar en el alcance que este don practicado de manera eficaz podría alcanzar; pero con rabia veo cómo muchos predicadores no sólo hacen tocar bombo y platillo delante de sí para predicar sus evangelios, sino que además siempre veo como salen de sus megacampañas con más dinero que con el que llegaron a “sanar” las enfermedades. Como si el don y el favor de Dios fuesen comercializables.

Nunca he conocido a alguna persona que haya sido sanada por uno de estos predicadores, y nunca he sabido de ninguno que se haya convertido a la sola gracia de Cristo por alguna de sus giras. Por el contrario, siempre me he preguntado ¿por qué estos “ungidos” no hacen una campaña en medio de África o en Haití, lugares donde este tipo de señales no sólo darían gloria a Cristo al ser poco evangelizados sino que además harían tanto bien a multitudes sin recursos?. Para pensarlo; pero como todas estas cosas no creo que haya una respuesta por parte de sus incautos defensores.

Cuando nuestro Señor o sus discípulos sanaban lo hacían con enfermedades reales, visibles y evidentes. Nada sicosomático, nada dentro del cuerpo e invisible a los ojos o al escrutinio público. Muestra de esto son el paralítico de Bethesda, los leprosos, el hombre de la mano seca, etc. Pero estas megaestrellas del evangelio (el de ellos) nunca han devuelto la vista a ni un sólo ciego de nacimiento.

Y por eso el motivo de mi rabia, porque estos personajes lucran con lo único que les queda a los que sufren enfermedades. Su esperanza.

La Escritura habla de algunos cuya condenación es justa (¿acaso será alguna vez la condenación de Dios injusta?), yo espero el día en que el Señor hará justicia y todos estos falsos apóstoles que desacreditan el único evangelio verdadero sean desenmascarados.

Consejos de un joven pastor bautista

Me he propuesto ir dejando acá los tips o consejos que necesite recordar no con el ánimo de servir de guía a otros jóvenes pastores sino más bien porque mi memoria es frágil y de seguro en un futuro no muy lejano me encontraré revisando estos posts para refrescarla.

Quisiera aclarar eso si que con lo de joven no me refiero a mi edad, sino más bien al poco tiempo que llevo en el pastorado lo que es una poderosa razón de por qué este post no pretende servir de guía a otros. También aclarar que esto de una lista de consejos no es nada nuevo. Por ahí anda una lista llamada “40 consejos de un pastor de 40 años” (muy buena por lo demás) que ha servido de base para la mia. Una vez hechas estas aclaraciones vamos pues a la médula.

Revisa siempre el cierre de tu pantalón

Hoy viajé desde el centro de la ciudad hasta Vitacura a la altura del 5500. Vuestro Seguro Servidor tomó metro y micro, hizo unos trámites y luego volvió al centro. Recién mientras volvía en metro me di cuenta que llevaba el cierre abajo (!). ¿Lo malo? antes de tomar el metro de vuelta VSS había tomado una micro-oruga sentándose en los asientos que miran hacia atrás. Todo ese viaje hubo una mujer en frente… Plancha.

Por este tipo de imponderables es indispensable revisar siempre el cierre del pantalón, especialmente antes de subir al púlpito.

Toma mucho más tiempo orando que preparando tu bosquejo de sermón

Siempre he puesto una atención extrema a cómo desarrollar ideas y presentarlas de manera que sean comprendidas. He echado mano a la homilética, a mi talento natural para expresarme correcta y diplomáticamente, y he intentado explicar con peras y manzanas algunas verdades profundas de las Escrituras; pero cada vez es más evidente para mí que todas estas cosas no son más que herramientas humanas y aunque es un hecho que debemos esforzarnos en todas estas cosas nunca reemplazarán la labor del Espíritu Santo de Dios. Si Él no ilumina los entendimientos jamás los oyentes comprenderán las verdades más profundas de la Palabra de Dios.

Pero eso no es todo. Es un hecho también que se debe ser sensible a la voz del Espíritu Santo (esto en sentido figurado, ¡¡por favor!!) y predicar lo que Él quiere que se predique de acuerdo a las necesidades de la iglesia. Así que es mandatorio y de importancia capital el orar mucho antes de siquiera tomar el lápiz y el papel para escribir un sermón.

Comparte más con tu esposa

¡Ojo! Este tip no es para los que piensan en cristianés.

Dicen las Escrituras que aun cuando Adán tenía comunión plena con Dios Él mismo dijo “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”; por tanto es evidente que se puede tener la comunión más plena con el Señor y aun así ser falto de ayuda idónea y estar solo (!).

No faltan los días en que como hombres necesitamos consuelo, ayuda y respaldo. Estas cosas no te las entregará tu congregación, ni un ángel de cielo bajará para fortalecerte. Al menos al leer las Escrituras no parece ser ese el plan de Dios para los hombres y en particular los pastores.

Es en nuestros matrimonios, en el rol de nuestras esposas donde encontramos la respuesta a estas necesidades. Es claro para mí que ese fue el plan de Dios desde el principio. Así que en cuanto dependa de ti pasa más tiempo de calidad con tu esposa. Te hará muy bien a ti y a ella la hará feliz.

Siempre brinda una segunda oportunidad

Recuerda las cosas que te ha perdonado el Señor, recuerda todas las estupidecez que has hecho aun en tu vida cristiana, y recuerda además que a pesar de ti mismo Él te ha puesto por pastor de Su iglesia.

Así como tú no sabías el plan que Dios tenía contigo tampoco sabes en qué momento de sus historias se encuentran los hermanos con el Señor. ¿Quién eres tú para no creer que otro hermano también tiene una historia con Dios?, por tanto si Dios es paciente con ellos ¿por qué tu no puedes dar una segunda oportunidad?.

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